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Las universidades, en especial las públicas, se deben a la sociedad que las acoge, puesto que es esta sociedad la que las hace posibles. Si ello es así, lógico es que entre los diversos cometidos de la universidad, en lugar preferente figure la rendición de resultados. Y cuando nos referimos a rendición de resultados no pensamos en una rendición de carácter estrictamente económica. Estamos pensando en rendir cuentas con relación a todas las actividades académicas: las docentes, las investigadoras y las de valorización de la investigación que a su vez generan conocimiento, desarrollo y progreso económico y social.

Llegados a este punto fácil es deducir que, desde un punto de vista amplio, la universidad ha de venderse para presentarse ante la sociedad con todo su potencial. Un potencial que, por aquello de la globalización, ha de proyectarse por doquier a partir de políticas y estrategias de comunicación que contribuyan al establecimiento y fortalecimiento de alianzas con instituciones académicas de otros países y así construirse un lugar en el mundo científico y tecnológico.

Una de las causas que en parte podrían explicar el por qué las universidades españolas de más prestigio no aparecen en lugares relevantes de los ránquines universitarios más afamados, radique quizá en la circunstancia que nuestras instituciones académicas, con una capacidad de trabajo notable y éxitos investigadores indiscutibles, no acaban de valorar la necesidad de invertir para explicarse mejor, para venderse. Y es que el viejo aforismo que reza que “buen paño en arca se vende” no tiene hoy aplicación posible. Vivimos en un mundo complejo y globalizado gobernado por la información; un mundo donde no es suficiente hacer cosas y hacerlas bien. Además deben ser contadas. Es en este contexto que las universidades precisan disponer de políticas de comunicación para mejorar su relación con el entorno. De aquí y de más allá de nuestras fronteras.

Y si la cuestión fuese preguntarse si las universidades deben valerse del márquetin y sus técnicas, la respuesta es también afirmativa. ¿Acaso creen ustedes que Oxford, Cambridge o el MIT no dedican tiempo y recursos a la actividad promocional? ¿Creen que no se esmeran en captar a los mejores estudiantes, a las mejoras empresas con las que cooperar y colaborar o a relacionarse con sus antiguos alumnos, quizá ahora ocupando envidiables posiciones a lo ancho y largo del planeta? Utilizan el márquetin de manera intensiva y sin ningún atisbo de desconfianza hacia una disciplina que por sí misma no esconde oscuras intenciones. Que nadie tenga la menor duda: poner al alcance de un universo global y competitivo lo qué hacemos y por qué lo hacemos es necesariamente útil. No sólo para la propia universidad sino que también para la sociedad.

Publicat el 27 d’octubre de 2010 a la publicació digital Tecnonews